La IA interpreta instrucciones, pero no siempre comprende el contexto, ni aplica criterio para garantizar seguridad o escalabilidad.
Esto puede derivar en vulnerabilidades no detectadas, errores que impactan la experiencia del usuario y limitaciones para adaptarse a escenarios específicos. La intervención humana aporta análisis, revisión y ajustes que ninguna máquina puede replicar del todo hoy. La combinación de IA con criterio experto reduce riesgos y asegura productos más confiables.
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